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El café de las 4

14:51 Posted by René Zapata


Me sabe a amor el café de las 4. Permanezco aquí sentado desde hace horas. El aroma del tabaco adornaba impávido los poemas tallados en el muro. -¿va a desear algo más?- Le preguntó la delicada camarera a un poeta, que con voz de sí mismo respondió con un gesto. El viajero trazaba con un lápiz algunos versos en el papel mientras yo lo escuchaba murmurar algunas palabras aleatorias " Amor, fuego, cabellos, tacto, risa, lenguas, amor, piel."
Sonreí. Los clientes del café, fantasmas, almas errantes. Todos con la misma esencia. Una magia caricaturesca. Poética. Sonreí. No pude evitarlo al imaginar mi rostro en cada uno de esos caminantes. Sentado y con mi café, pensando, releyendo los poemas tallados. Con mi café, y claro, el recuerdo de un alma dormida en mí, con su voz, con sus ojos que son de ti, con sus labios esperando a mi lengua cegada por un sueño. Pensé en escribir. Escribir cada senti-pensamiento que me provoca el imaginarnos. Tú y yo. Yo y tú. En este mismo café, amando la poesía acústica de la madera más roja.
Pensé en escribir. Pero para mi desdicha, no quedaban papeles en blanco en mi bolso. Es divertido pensar en toda la naturaleza gastada en la inspiración que causa tu respiración. Le debes muchas letras a mis manos. Mucha celulosa a los árboles.
Una pareja se levanta de la mesa junto a la mía. La mueca de ella asemejaba una pequeña sonrisa, y el ademán de él, hizo entender a la dormida audiencia sus deseos de tomarla del brazo, enamorados, amantes del aroma melancólico y feliz del ambiente. Poemas. Poetas. Lectores y no tan lectores adornaban inconscientes su escena. Enamorados.
Alcancé a contar las miradas que compartían. Cinco en total, más dos sonrisas, tres besos y seis caricias. Cada una llena del tiempo necesario. Poco, demasiado.
Cambia la luz. Es ahora más azul. Yo con mi café, o lo que queda de él. Me supo a amor el café de las 4. El humo tallado en la pared. Poemas. Poetas. Lectores y no tan lectores. Y entre ellos yo, un alma que espera con palabras. Sin tiempo. Con acústicos. Sin espera.

Despertar

12:30 Posted by René Zapata

No te vayas- dijo él mientras pensaba "vete rápido".

Sacó una pluma y sin sentir se puso a escribir palabras en blanco. Sintió en sus manos una fría anestesia. La monotonía del colérico amor no lo dejaba pensar. El llanto y el deseo fueron figuras macabras tras el vapor de la realidad. Ya no llovía.
Él despertó de un gran sueño, un inolvidable letargo de promesas e ilusiones. Él, aunque consiente de lo falso, quiso siempre vivir en aquel mundo, siempre sentir el tacto característico de un sueño. Dulce, pero irreal. Mas ahora se encontró atento al movimiento de las rocas mientras recobraba inconciente la conciencia perdida.
Hasta los colores de la realidad le parecían irreales, y el agua más dulce que nunca. Nunca estuvo cómodo en este mundo, nunca quiso regresar, ni dibujar en la espalda del amor recuerdos inolvidables, irreales, falacias, frases y poemas imposibles de redactar aquí.
Sentir el tortuoso sol no fue necesidad para quemar por fin las cartas de un alma lejana, desterrada ahora por él. El fuego, que es suyo, acabó con aquel bosque de hadas construido por una mente grandiosa ahogada en retórica.

No cantes! - gritó él - No reaparezcas en la mente mía. No claves tus poemas en mi piel, ni dejes tu sabor en la saliva aún dormida. Ni justicia existe en el amor, ni alguna cura para los caídos. Soy un ilustrado de las almas ahogadas en su propio sopor.

Ahora siente tibia sangre, mar de soles por su piel. No tiene miedos ya, es un alma errante entre dos mundos, no tiene miedo ya. Su único temor es volver a dormir.

Confesión de una mente desesperada

20:12 Posted by René Zapata

07:30 de la mañana. Mis manos congeladas y prácticamente inmóviles se esfuerzan en escribir en este cuaderno. Mi aliento se hace visible producto al frío, y se confunde con el humo de mis cigarros. Me gustaría explicar tantas cosas...
No pretendo excusarme. No pretendo que algo vuelva a ser como antes. Si te aburre lo que lees, puedes tomarlo como un cuento, una historia, nada más que literatura. La forma en que un hombre y sus manos expresan su propio réquiem de amor. Éstas son las confesiones de una mente desesperada.
Nací un 06 de agosto hace 20 años. Un frío día de invierno, semejante a éste. Mi madre, joven e inexperta, de 19 años, tuvo que lidiar con la responsabilidad de cuidar de un bebé. Solitaria por la ausencia de mi padre, quien decidió abandonarnos por motivos ignorados por mí. No lo culpo. Aunque poco, aún sigo teniendo comunicación con él. Salimos de vez en cuando, hablamos y fumamos. A pesar de que él nunca estuvo marcando mi estatura en la pared durante mis años, no crecí sin una figura paterna. La vida puso a mis 3 años, un hombre de los que llamamos “bueno”. Mi padrastro, mi querido, único y verdadero padre.

Siempre fui algo torpe. Aún surgen risas en mis familiares al recordar a un pequeño niño rubio que dentro de su inocencia se creía capaz de ser invisible con un "conjuro mágico”, y que buscaba a las personas dentro de las botellas. No sólo era ingenuo, sino también era llorón. No podía estar lejos de mi mamá, lo que hizo que me atrasara en un año de mi colegiatura. Mi padre siempre me recuerda cuando me dejaban en el jardín infantil, y yo me asomaba por la ventana a gritar "papá sálvame".

Mi vida siempre fue feliz, con una familia cariñosa, estudios en colegios buenos, gocé de lujos que muchos desearían. Pero mi mente siempre fue diferente al resto. El mundo no me mostraba más que sueños vacíos de una vida banal. Yo buscaba algo más. Una utopía, que fue creciendo cada vez más en mi interior, en donde creo está lo elemental. Mi pensamiento. Único e indescriptible, pero no por eso feliz. El escepticismo se abrió el camino en mi mente durante mis pasos y las alegorías de amor y muerte se dibujaron en mi imaginación y corazón. La esperanza… bella ilusión de muchos. Realidad de pocos. La esperanza se alejó cuando descubrí mi soledad. No hay Dios, no hay realidad.
El frío ha cesado y el humo de mis cigarros se dispersó en el aire para no volver. Estas páginas se han humedecido con algunas lágrimas, que, a pesar de mis fuertes cambios emocionales, son escasas en mí. Cierro los ojos. Tu imagen se traza en mis pensamientos y el amor golpea una vez más mi corazón idiotizado. Cierro los ojos. Mi mente me lleva a mi adolescencia.
Empezaron a surgir cambios internos bruscos. Comencé a buscarme a mi mismo, pero sólo logré alejarme más de mí. Ya no me conocía. Me encerré en un mundo propio, más bien oscuro. No me gusta llamarlo "depresión", ya que a pesar de mi interioridad, me considero un hombre bastante feliz, amante de la naturaleza, de mis tierras, de mi gente, amante de lo simple. Pero la batalla se produce dentro de mi cabeza. Es una batalla entre dos "yo". Un Ying-Yang propio que ha arruinado bastantes cosas y me ha alejado de muchas personas por culpa de sus alternancias fugaces.

En materias del amor la ironía se presenta. Mi vida es una oda al amor, mas el dulce sonido de éste nunca ha acariciado mi corazón. El amor es más que un sentimiento. Es comparable a una enfermedad. Un síntoma maravilloso e infame. Me gusta recordar a García Márquez y su obra “El amor en los tiempos del cólera”. Cólera que afectó mis sentidos el día que apareciste. Bella, suave, sublime, frágil. Delirios de una mente cautivada por la esencia de tu existir. Porque te encontré, te vi, te amé, te vi, me encontré.

Así comienza mi historia. El réquiem de nuestro amor.
Acababa de llegar de un viaje. El ocio abunda en estas frías tardes de verano. Caminaba sin rumbo por las calles. Observaba, como era de costumbre, las piedras y el cielo. El escaso verde es un regalo del desierto que pocos entienden y admiran. Belleza incomparable, mística y simple. Mas no fue esa la belleza que acabó con mi cordura esa tarde. Te vi en una ventana con tus ojos acariciando las páginas de un libro antiguo. No prestaste atención a mi atónita mirada a pesar del tiempo. Nunca antes la vi.
Su voz, belleza. Su mirada, luz, Su tacto, fuego. Su risa, júbilo. Su nombre…
Al cabo de una semana decidí buscara. Fue entonces la primera vez que agradecí vivir en el siglo XXI. No fue difícil localizarla. Efectivamente, existía una distancia entre nosotros. Distancia que no sería impedimento. Mi mente me convenció de que debía ser mía, utilizando argumentos donde el destino, el amor y el deseo, se combinaban en un persuasivo abrazo. A estas alturas, ya estaba enterado de sus actividades, intereses y gustos. Todo era perfecto. Para no convertir esto en un cliché romántico, y no relatar la historia de el encuentro de dos amantes bajo el signo de capricornio, me limitaré a decir: Wow. Como ya tenía entendido, no era de por aquí. Charlamos un poco, casi nada. Me costó ganarme su amistad y su atención. Pero lo logré. Aunque algo inalcanzable, me mantenía feliz.
Como el día se vuelve noche, mis sentimientos fluctuaban entre mi yo "ying" y mi yo "yang".
La deseaba. De verdad la deseaba. Mi imaginación inventó texturas, aromas, sonidos. Y su imagen revivía cada noche, cuando el mundo al que llamamos "real" se confunde con el mundo de los sueños. Ahí es cuando la podía ver claramente, sin la interferencia de la distancia. Me sonreía, me hablaba y me besaba. La pasión humedecía nuestros cuerpos, los ojos lloraban con el calor de nuestro sentir. El deseo. Mis manos recorren tu onírico cuerpo. Cada centímetro de ti es letal para mi cordura. La locura. Tu lengua juguetea con la mía. Nuestra saliva carga con nuestro placer. Tu mirada golpea repentinamente la mía. Ardemos en nuestro abrazo, danzando como el fuego el cólera de amor. Tu boca besa lo que nuestras mentes deliran. Deliramos más amor y nos cobijamos en su expresión. El latido de nuestros corazones marcan los acordes de nuestros suspiros. Corazones desesperados por salir de su prisión y encontrarse, encontrarse al fin donde nuestras almas yacen dormidas, extasiadas de eternidad. Desearía no despertar.


Los meses pasaron, y para esta fecha, me había ganado el cariño de mi nuevo ángel. Y mi "Ying Yang" estaba en su peor momento. La inseguridad acababa con ponerme pesimista, queriendo acabar con todo. Por otra parte, la vida sin mi musa parecía aún más vacía y carente de sentido. Para hacer alguna analogía, imaginarme la vida sin ella, es como quitarle un par de cuerdas a la guitarra y tratar de que una melodía suene bien. Aunque se produzca sonido, no es un sonido completo, y mucho menos bello.
Cansados al fin de conformarnos con algunas fotos, cartas y poemas forzados a la retórica, decidimos vernos, conocernos y ver si este sentimiento, al menos por mi parte, era más que real. Trascendental.
Empaqué mis cosas. Como dije, la distancia no se interpondría entre nosotros. Ella era mía. Tenía que ser mía. Su sangre pintaría nuestras vidas de colorada pasión, y mi corazón se encargaría de cuidar de cada una de esas gotas sanguinarias. Amor. Me fui camino al aeropuerto. Pero no sin antes verme al espejo. Admiré lo que el tiempo se había llevado y había traído. Los años me han cambiado. Muchas veces creemos vernos a nosotros mismos como éramos antes. No nos detenemos a pensar en cada detalle que cambia. Cada hora. Cada minuto. Cada segundo. El espejo reflejaba a quien no creía ser. Mostraban a alguien con más esperanzas. Pero la espera es dura para el esperanzado, y no existen amaneceres para los amantes.
El viaje sería largo, una perfecta excusa para poder dormir y soñar con ella. Nunca me perdí una oportunidad de tenerla cerca en mis sueños. La misma escena se repetía una y otra vez en mis noches frías, cuando el deseo de su presencia carnal ahogaba mis pensamientos racionales. “Tú y tu mirada, que junto a tu sonrisa, son la obra de arte más perfecta existente. Tu cuerpo, tu pelo…Detestaba la hora que debía dejarla para volver a la realidad. Lugar donde nunca pertenecí.”
Estaba inquieto. Quería impresionarla de alguna manera. Así que empecé a escribir algún poema, de esos que solía escribirle a lo lejos. Es difícil pensar que al fin pueda regalarle poesía en persona. Saber que palparía las palabras que mi mente minuciosamente elige para deleitar su corazón, me hacía temblar. El tiempos se dilataba como nunca, cada segundo eran eternidades, y tu voz aún onírica resuena entre mis sientes, más fuertes que los más estruendosos mares.
El viaje terminó. Bajé del avión y observe a mi alrededor. El destino me había traído a una ciudad que parecía dormida. Con un calor alto como fraguas. Juan Rulfo se me hizo más familiar que nunca, y recordé, cuando por horas, me sumía en sus pensamientos. Recordé a Comala, pero éste pueblo, aunque quieto, era hermoso. Mi corazón acelerado delató mi entusiasmo. Estuve rato esperando a ver su mirada entre la multitud que paseaba indiferente chocando unos con otros. No tienen idea.
Luego la vi. Mi corazón aún se estremece al recordar como un simple “hola papá” acabó por destruir mi cordura, y la metáfora de amor se materializaba en un par de ojos que amé desde que los vi.
"Te vi, y eras real, tan real como lo fuiste en mis sueños durante esas acaloradas noches de amor unipolar. Te vi, y estabas ahí parada esbozando una sonrisa tan perfecta como nada. Te vi, y mi alma atónita se desvaneció embriagada de ti. Te vi, y te sentí más cerca que nunca"
Ya sin más espera nos besamos. Amor. Todo el mundo desapareció. De nuevo me vi hundido en lo más profundo de mis delirios nocturnos, sólo que esta vez su tacto me hacía temblar y quemaba cada uno de mis poros. Cuando sus ojos se clavaron en los míos lo supe. Era todo. Todo lo que mi alma perdida necesitaba.
Me mostró su ciudad. Me empapé de su cultura y costumbres. Cada árbol era hermoso. Observé, como es de costumbre, las piedras y el cielo. La naturaleza había dotado este lugar de un verde intenso, lo que despertaba aún más mi atención. Mi amada me hablaba del pueblo y su lucha, historias de guerrilleros y héroes populares. Su voz parecía bailar ágilmente por el ambiente rodeado de montañas. Su paso despreocupado elevaba mi sentir. Luego de un pequeño recorrido por su ciudad me llevó a su casa. Decorada al buen gusto de una artista. Cenamos. Su sonrisa era la obra de arte perfecta, combinada con el sonido de nuestros vasos y platos. La conversación no era más que la danza de nuestras voces, que nos hacía suspirar nuestras vivencias. Después de un tornado de copas y besos hicimos el amor. Me gustaría poder describir lo que pasó esa noche, pero no existen palabras que puedan expresar lo increíble que fue todo, cualquier descripción sólo arruinaría tal momento maravilloso. Digno de los sueños más deseados. Digno de llenar mil páginas de poesía. El amor brotaba de nuestros poros, y la sentía. La sentía cada vez más mía. No necesitábamos más, la espera nos unió en un azar predeterminado.
Los días se iba como agua en los dedos. El tic-tac del reloj marcaba el paso de los días a través de nuestro palpitar. La rutina de nuestros días: Un beso por la mañana, una que otra caricia. Generalmente le llevaba desayuno a la cama, pero ella prefería traérmelo a mí. Muchas veces me desperté con un “Su desayuno papito”, y me derretía el hecho de pensar en su cercanía. Fueron las únicas veces que agradecí el despertar. Luego el amor nos envolvía en su tumba, en donde cuerpos delirantes entregan su vida a lo eterno. Una ducha no nos venía mal. Disfrutaba de lavar sus pelos marrones y sentirlos entre mis dedos. Tan puros. Paseábamos luego por calles de interminable lluvia que humedecían nuestros pensamientos. Nada más importa. Mi vida se completaba con tu aroma en el viento. Nuestra rutina. Luego almorzábamos, ella cocinaba para mí, yo para ella. Brindábamos entonces por la prosperidad de nuestro amor. Una caricia, un beso, una conversación. Una palmadita si se daba la ocasión. Nuestra confianza y su respiración. Luego la tarde se acercaba y sus ojos se muestran aún más bellos con la luz de la luna. Bebíamos un poco más. Nuestra rutina. Para qué decir qué hacíamos por las noches. En la oscuridad nos acurrucábamos en nuestro sentir. Nuestra rutina, que no por ser rutina caía en la monotonía.
El tiempo acaba ya, y debo volver. Aunque tenemos pensado vivir juntos aquí, en su cultura ajena para mí. Lo que amamos se termina rápidamente y, como siempre digo, la espera es dura para los esperanzados. Vuelvo. El amor tendrá que esperar tranquilo a nuestro próximo encuentro. Vuelvo, pero feliz. Dichoso de haber encontrado al viento, el amor y la libertad personificados en ella. Volveré luego. Tengo tantas ganas de enseñarle nuevos mundos, que se quedaron “en el tintero”. Una vida junto a ella es insuficiente para poder entregarte todo lo que merece. Me voy, pero con la certeza de que volveré para quedarme. El destino me ha regalado amor. Hay poesía.

En el viaje de vuelta nunca se borró la sonrisa infantil de mi rostro. No había dolor por dejarla atrás. Agradecía cada segundo por las sensaciones y los maravillosos recuerdos de una travesía de mil poemas. No dejaba de pensar en los nuevos regalos que le daría. Cada pensamiento le pertenecía, cada suspiro era de ella. Mi pecho ardía por su fuego y mi mente se congelaba al recordar sus ojos. Verdes ojos.
Las semanas pasaban y no tenía noticias. Su existencia se esfumó y fue como si nunca hubiera sido tangible. El invierno terminaba, y la esperaba mientras observaba cada gota de lluvia, y cada flor que el frío marchitaba. Su sonrisa se desdibujó de mi memoria y sus ojos ya no cantaban en mi corazón. Desesperación.
Esa no fue más que una fría mañana, cuando me levanté para hacer mis cuestiones matinales. Tuve esa extraña sensación toda la noche que no me dejó conciliar el sueño, pero la intuición nunca fue mi fiel compañera. El olor a café recién molido y los residuos de tabaco que quedaron de la noche anterior serían los aromas que marcarían aquel día fatal por siempre. Con un sentimiento de inseguridad fui a recoger un sobre blanco que se asomaba bajo su puerta "Más cuentas" me dije a mi mismo. Pero ese sobre era diferente, cual clavel en un rosal. Estaba firmada con una caligrafía que podía reconocer fácilmente… y unas iniciales. ¿Cómo no reconocer esas iniciales? Mis manos empezaron a temblar esforzándose por no dejar caer tan extraño papel. Mi garganta se apretó y sentí que dolía. Abrí el sobre, y lei…
“Te quiero, y de verdad disfruté cada segundo contigo. Pero ciertamente no eres lo que busco. Eres demasiado joven para entender lo que alguien como yo necesita. Gracias por los momentos que me regalaste papá. Entre nosotros siempre habrá algo especial. Cosa que pocos podrán entender. Y siempre estarás en mi corazón. Sólo te pido que continúes con tu vida, pensando en mí sólo como un lindo recuerdo. Así te guardaré yo en mi corazón. Si decides regresar mis puertas estarán abiertas. Siempre están abiertas para los viajeros enamorados. Un beso papá. Siempre te tendré entre mis sienes. Cuando vea el mar…te pensaré.”
Confusión. Decepción. Lágrimas. Inseguridad. Tristeza. Grito. Llanto. Golpe. Viento.
Nada más pudo pasar. Me vi ahí sentado, estudiando cada letra, cada coma, que mientras las leía, todo mi mundo se quemó para no volver. Ya no había mundo, ni detalles que adorar. Sólo queda soledad y pérdida. Dolor y amargura. La muerte pasó por mi mente como opción. Pero no quería acabar así con todo. No buscaba alivio, no esta vez. Mi único objetivo era sufrir, junto a la carta que me otorgó una muerte interna. Un estado de amnesia, confusión y agonía.
Entonces supe que hacer. Iría por ella.


Una sutil carcajada se rompe el silencio mañanero, mientras escribo esta historia. Mis sentimientos siempre definieron mis actos, y aquel día no sería la excepción. Me gusta llamar a aquel 24 de Septiembre, un “no tan como cuentos de hadas”. Aquí van las confesiones desesperadas de una mente cautiva en un amor eterno.
El viaje se me hizo aún más largo que el anterior. No soportaba cada minuto que pasaba. La inseguridad hacía volver mi lado “yang”, se notaba en mis ojos, algo no andaba bien conmigo.
Al fin llegué a la ciudad donde las nubes cubren el cielo. No necesitaba luz. La lluvia mojaba mi cara y escondía las lágrimas que corrían desoladas. No me fue difícil encontrar su casa. No estaba. Decidí esperar. Siempre disfruté de pasar tiempo bajo la lluvia. Las imágenes de un amor tan grande golpeaban mis pensamientos y me hacían dudar. Pero la duda dejó de ser bienvenida en mis decisiones. El mundo conspiró para persuadirme. Un gran perro negro caminó imponente al otro lado de la calle. Presagios. Alegorías. Todo estaba preparado, estaría con mi amor para siempre.
La noche llegó, y a eso de las once mi amada se materializó al final de la calle. Caminaba con su paso despistado y cansado. Sus ojos desorientados miraron los míos. No pude dejar de notar aquel extraño sentimiento en sus ojos ¿nerviosismo? ¿miedo? A mi también me asustaría ver a alguien fuera de mi casa en estas condiciones. No alcanzó a decir una palabra. La besé y todo volvió. Nuestro amor, nuestra pasión, locura. Nos tocábamos en una danza abrigadora. Todo era perfección, y esta vez, sería eterno.
Entramos a su casa. Nos besamos. Me hizo esperar un poco en un sillón colorido. Me sentí de nuevo en casa. Tan cómodo y abrigado como nunca. Había llegado el momento.
Sentí que se acercaba, caminando hacia mí. La abracé y la besé. En nuestro conocido baile de amor la llevé a su habitación, donde nuestra confianza había sido testigo de nuestra pasión. La estreché lo más cerca de mi. La besé una y otra vez. Una que otra caricia. "Te amo" fueron las palabras que susurré al su oído. Le quité la vida. La amaba, y su vida fue mía. Mi cuerpo la aplastaba. Sus puños golpeaban mi espalda mientras asustada veía el cuchillo que lentamente cortó su cuello. La amaba, no podía pedir más. Poco a poco, sus golpes empezaron a perder su fuerza. Me bañaba con su sangre. Hermosa sangre que teñía mi cuerpo de rojo amor.
Así permanecimos horas, mientras le hablaba de todo lo que sentía por ella. La amaba, y le quité la vida. Ahora nuestro amor está sellado con sangre, y mi angelical ser de luz me espera en la muerte, donde estaremos eternamente juntos. Me esperaba en la muerte, pálida como la nieve, con sus ojos más vivos que en vida. La amé y lo hice inmortal, lo volví divino.
Impaciente espero el fin de mis días. Sólo dos cosas son eternas: el Amor y la Muerte. Nada más perfecto, nada más complejo. Amor y Muerte para nosotros.
Te amo.

Cuentos Pampinos 3

2:11 Posted by René Zapata

Soy un viajero, un vagabundo. No de esos que andan pidiendo limosnas. Me autonombré vagabundo por mi manera de errar sin rumbo por infinitos lugares.
Esta vez me he encontrado con un místico lugar. Una pampa mágica, soleada y seca como mil desiertos.
Un habitante del cobre me habló horas sobre lo que fue la esperanza de nuestra patria hace años: Las Salitreras.
Emprendí un nuevo viaje, rumbo a Chacabuco. El desierto se extendía sobre mi. El sol calentaba amenazante, y ahí en frente mi destino.
Historias. Amor. Hay vida...hay vida.
Hermosa pampa. Cuna del obrero. Cimientos de la libertad.

Cuentos Pampinos 4

2:11 Posted by René Zapata

Aparece la luz. El cerro se hace presente en mi ventana a traves de su imponente sombra. No quería despertar, esa sería una larga, soleada y calurosa jornada.
El desierto empapado en sol, y yo empapado de desierto. Así es, día a día. Día a día.
Revuelvo mis ropas con ansias de encontrar algo limpio. Luztro mis botas y luego me miro en el espejo. El exeso de sol remarcaba mis años, acentuaban mis arrugas. Arrugas que me dibujaban como un mapa las eternas horas de trabajo. Mis manos obreras, aunque viejas, sabrán continuar. Día a día. Día a día.

Cuentos Pampinos 2

2:10 Posted by René Zapata

Camina, sueña. Piensa, mas no te aflijas. Camina, sólo camina. Siente. ¿Qué se puede sentir con tanto anhelo? Desierto, frenesí de ideas, cielo, vientos y tierra. Paz, que carcome mis huesos. Amor y locura, que me ponen en el desierto junto al mar. Mar que alimenta mis sueños y mis pasiones. Pasión. Tan pasional como mirar las estrellas en el cielo despejado del norte, en su interior, en su corazón, en su alma. Alma de de donde pertenecemos cada uno de los pampinos. Crece, crece como la poca, pero fuerte vegetación nortina. Al final sólo eso queda: Nuestra eterna identidad.

Cuentos Pampinos 1

2:08 Posted by René Zapata

Desierto. El frío se cuela en mis huesos que se estremecen maravillados. El extenso cielo se abre frente a mí, mostrándome sus infinidades de bellezas. No hay nada más hermoso que mirar las estrellas en un cielo nortino. ¿Cómo se podría pestañear ante tan hermosa obra de arte?
Es entonces cuando siento que el espíritu de mi pampa se apodera de mi ser. Ya no soy humano, no soy carne. Me transformo en viento, que acaricia el desierto durante su luminoso día, y su fría noche.
Cuando despierte, no será igual. Ahora soy uno con mi tierra.

Crónicas Alternadas

23:32 Posted by René Zapata

00:07.
Las penumbras vuelcan mi vida y me ofrecen nuevos e ilimitados caminos. Mi mente gira y se envuelve en frases atronadoras. Frases que se disfrazan de almas que danzan junto un arrullador canto. La vida se fragmenta. Lo subjetivo me alimenta. Enloquezco en agónica felicidad. Y la espera eterna de eternidades se hace nada. E infaltable es tu recuerdo en horas como ésta, fría y cálida, en un mundo donde no esté prohibido ser. Ser sólo es. Y soy lo que un ave encadenada no es aquí. Me despido para luego volver.

04:30.
A estas horas y yo aun sin poder sacarte de mi mente. El sueño me hace imaginar absurdos, y mis ojos, que carecen de todo, se muestran nulos ante tu imagen. ¿Qué me hiciste? ¿Será éste el más puro hechizo hecho por mágicos ojos encadenados a lo irreal?

06:47.
Vuelvo. Aunque desdichado de dejar atrás tan maravilloso mundo. La luz sopla fuerte viento que humedece mis ojos, cuyo bálsamo prepara a mis sentidos para lo que será una senda de magia alterada, expresada en su manera más silvestre. Ahora es cuando la rutina se hace presente ante mí. Aves lloran. Cielo brilla. Ojos ríen. Crece el mundo y se despeina la tierra. Rutina. Reloj corre. Y el retruécano canta su más vil creación: Amor y muerte.

07:30
Bajo las escaleras y me preparo un café. Me siento a beber y pensar. La cabeza aún me da vueltas. Mareado de sensaciones y aroma a tabaco. Me concentro y miro a mi alrededor. No es este mundo en donde la comodidad me acompaña. Pertenezco a un mundo olvidado. Un mundo donde pocos humanos saben llegar. Un lugar que la ciencia y la lógica no encontrarían jamás. Hay quienes dicen que es un mundo mágico. Utopía. Pero es más simple que eso. Tan simple como mil rocas ordenadas sobre mares de alegoría. Mares, azules de gracia y rojos de pasión. Estaciones completas vacían poco a poco las miradas, nuestras miradas que se empañan con el rocío matinal.

08:00
Emprendo mi viaje. Paraísos de desierto. Paisajes desolados alumbrados por un destello típico, familiar. De los muros se escuchan murmullos, susurros de vida. Invitaciones a no despertar. Camino junto al tenaz viento, en un solo sentido, con el mismo objetivo. Amantes de sueño y egoístas de él. Despertamos el fuego y gritamos nuestro canto, pregonando la olvidada libertad. Luz de viento soplando al poniente por primera vez.
La euforia motiva mis actos. Y la esperanza, me mece en su nana celestial.

18:20
Todo lo que sube cae. Al igual que el sol, el brillo de mis anhelos desaparece tras el horizonte. Son mis últimas horas en este mundo. Se acerca lo infinito. El poder de mis tierras me lava el alma. Tu recuerdo vuelve. ¿Por qué es a estas horas donde tu fantasía se hace presente? Es la noche, el frío pausado de almas enamoradas. Es pasión. Es vida. Es poesía. Y la poesía no es poesía sin tu tacto estremecedor, adorado por demonios y ángeles, pensado y pensado por eternidades de infinita desesperación. Si es amor lo volveré divino, si no es amor tendrá que serlo. No sabemos lo que amamos, ni queremos entenderlo.

00:00
Nuevamente desaparezco. Vuelvo al mundo.

Viaje

14:03 Posted by René Zapata

La tierra está seca, ya no se distinguen colores ni luces en el camino. Veo a mi alrededor, y veo nada, sólo una imponente sombra. Lo que alguna vez fue un árbol lleno de vida, ahora se materializa como un monumento a la muerte. Descansar, necesito descansar bajo ese antiguo ser. Me siento, el viaje ha sido largo, y aún queda mucho por recorrer, es interminable, eterno. Las voces de muertos llenan mi cabeza, sufrimiento agónico, miedo palpable. El rumbo es indefinido, no hay límites ni destinos, no hay futuro, no existen mañanas. Todo lo que queda es el pasado, que, al igual que los sueños, se quedó plasmado en cada paso ya dado.
Nada. Todo vacío. El sonido mañanero del canto de los pájaros, no es más que una ilusión, un vago recuerdo irreal de lo que alguna vez fue vida... ¿vida? Ni eso queda, me gustaría asegurar que estoy muerto, pero la confusión ha sido una de mis fieles compañeras durante este incierto viaje. Miro mis manos, no tengo nada. Me concentro en mi mente...nada. Miro mis manos, mis pies, mi piel. Cicatrices y rastros de lo que alguna vez fue sangre completan mi cuerpo, adornándolo, como una pintura colgada en un muro.
Toco la tierra con mis manos, está fría. No me sorprende. Nada ilumina estas tierras. Hasta la luna tiene miedo a descubrir lo que aquí existe. A mi no me preocupa, yo soy la peor bestia capaz de habitar este lugar.

Nada. Oscuridad. Deseo. Nada. Luego lloro.

La belleza, ahora sólo existe cuando te haces presente en mis pensamientos, cuando solía perderme en en tu mirada. Cuando esperaba cada segundo para estar contigo. He guardado tu respiración en mi alma, es lo único que calma mi sed en horas como esta. No recuerdo cuando te fuiste, cuando desapareciste, cuando te perdiste con la oscuridad que me rodea. No recuerdo nada, ni quiero hacerlo. Sólo me queda el viento y la aparente noche interminable. Interminable noche, como he escrito antes...no existe amanecer para los amantes.

Muerte y Carta.

22:37 Posted by René Zapata

Era tarde, la noche ya había puesto su fría presencia hace horas. Ella estaba sola, atenta al sonido del reloj mientras veía un ramo de flores marchitarse. La textura y el calor que le brindaban sus sábanas se tornaron molestos. Se incorporó para deshacerse de su mal estar. Mil uno, mil dos, mil tres, mil cuatro. Su cabeza iba contando los segundos mientras ella pensaba en la más grande decisión que tomaría. Mil quinientos, mil seiscientos, su angustia pareció explotar. Dos mil... entonces sus ojos se empaparon de lágrimas que nublaban aún más la extraña noche. Sus lágrimas, aunque ansiadas, eran como un humo ensordecedor, lleno de imágenes y sensaciones que se apoderaban de la situación. No lo pensó más.

Sus manos temblaban, era un defecto que delató desde su infancia que iba a hacer algo de lo que quizás se arrepentiría. Estaba nerviosa, el llanto aunque parecía inmortal ya no existía. Caminó a su despacho, que quedaba junto a la sala. Pasó por la puerta de su habitación, después por el pasillo, luego por el comedor. Vio todo a su alrededor, cada cosa que alguna vez la llenó y la hizo feliz, pasó a ser un molesto paisaje de malos recuerdos. No buscaba la felicidad, de hecho, en ese momento no la soportaba, pensaba que ese sentimiento era el más vacío que puede experimentar un ser humano. Olvidó lo banal y lo superficial, destruyó lo que vio a su alrededor, y fue por lo que buscaba: un lápiz y papel, con el que daría su paso final. Una carta, una nota, un montón de letras que irían con sólo un objetivo. El día ya se acercaba, abrió la puerta para cumplir su propósito, pero no sin antes observar su nuevo ambiente, que no era lo que alguien soñaría, pero que se le hacía más cómodo que cualquier paisaje hermoso. Se miró al espejo que tenía a la entrada de su departamento, "esto ya no me sirve" pensó.

La calle se abría frente a ella. El frío se le clavaba hasta los huesos. Ese sería un día especial. Para ser las 7 de la mañana, el sol no se asomaba en la ciudad. "Hoy no habrá un amanecer para los amantes" se dijo a si misma.

Puso la carta donde más tarde se detonaría el dolor.





Amor : Campanas. Mariposas. Luz. Sueños. Sombra. Oscuridad. Pensamiento. Dolor. Muerte.

De cartas y Muerte

19:20 Posted by René Zapata

Nadie lo entendió. Veíase sentado completamente solo, escudriñando cada centímetro de la carta que lo había hecho llorar durante días.

Esa no fue más que una fría mañana, cuando se levantó para hacer sus cuestiones matinales. Tuvo esa sensación extraña, esa que no te deja dormir durante toda la noche, pero la intuición nunca fue su fiel compañera. El olor a café recién molido y los residuos de tabaco que quedaron de la noche anterior serán los aromas que lo marcarán por siempre, al recordar tan fatídico día. Con un sentimiento de inseguridad fue a recoger un sobre blanco que se asomaba bajo su puerta "Más cuentas" se dijo a si mismo. Pero ese sobre era diferente, cual clavel en un rosal. Estaba firmada por "M.A.F". ¿Cómo no reconocer esas iniciales? Sus manos empezaron a temblar esforzándose por no dejar caer tan extraño papel. Su garganta se apretó y sintió que dolía. Abrió el sobre, y leyó...

Tristeza. Lágrima. Grito. Llanto. Golpe. Viento.

Nada más pudo pasar. Ahora sentado recuerda cada letra, cada punto y cada coma, que, a medida que iba avanzando, gran parte de su mundo se quemaba para no volver. Es el gran problema del hombre: sentirse tan seguro de todo y no apreciarlo. Cada detalle es importante. Cada sonrisa y cada gesto hacen del mundo algo más interesante. Ahora ya no había mundo, ni detalles que adorar. Sólo queda soledad y pérdida. Dolor y amargura. La muerte pasó por su mente como opción. Pero él no era de esos, que son capaces de acabar tan drásticamente con todo. No buscaba alivio, no esta vez. Su único objetivo era sufrir, junto a la carta que le otorgó una muerte interna. Un estado de amnesia, confusión y agonía.